Jime Marcosta
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23 de julio de 2026

Cada vez vivimos peor para vivir más

Reflexión sobre salud laboral, burnout y cultura de empresa en la jubilación

Nos alargan la edad de jubilación. Bien. Al mismo tiempo, cada año hay más bajas por ansiedad, depresión y burnout. Esto no es una casualidad que alguien tenga que explicarme — es una señal que ya deberíamos saber leer: hay una cuenta que no cuadra, y no es un misterio, es un problema de gestión con datos encima de la mesa.

Vivimos rodeados de enfermedades que hace treinta años ni tenían nombre o no existían. Respiramos peor, comemos peor, dormimos menos. Con suerte, comemos bien "sin contar tiempos" y dormimos siete horas. El resto del tiempo —dieciséis, diecisiete horas— se reparte entre desplazamientos, pantallas, ruido y trabajo. Y aquí está el detalle que casi nadie quiere mirar de frente: de esas dieciséis horas, la mayoría se las lleva el trabajo. No la genética. No la mala suerte. El trabajo.

El contexto ya no permite mirar para otro lado

Hace unos años, una empresa podía alegar que no tenía forma de saber cómo estaba su gente hasta que llegaba la baja. Ahora no. Las bajas por burnout suben cada año, se publican, se comparan entre sectores, y cualquier candidato revisa cómo trata una empresa a su plantilla antes de mandar un CV. Ese margen de "no lo sabíamos" ya no existe — el contexto ha cambiado, y la empresa que siga tratando el bienestar como un gesto simbólico lo va a pagar en rotación y en reputación, no dentro de diez años, sino ya.

Si eres empresa: esto no es filantropía, es matemática

Una plantilla que se quema no solo coge más bajas. Rinde peor estando presente, que es lo que no ves venir en ninguna hoja de cálculo. Y de paso, contamina al equipo. Rota más, cuesta más sustituir, y hoy en día se entera todo el mundo de cómo tratas a tu gente antes de mandarte un CV. No hace falta que te caiga bien el discurso del bienestar. Basta con que hagas cuentas.

Si eres trabajador: esto tampoco es casualidad

Si notas que llegas a casa sin fuerzas para nada que no sea el sofá y el móvil, no es que te hayas vuelto flojo de repente a los 35. Es que te estás dejando la salud en un sitio que, a cambio, te promete una jubilación cada vez más lejana. El cuerpo pasa factura. Y la factura no la paga la empresa, la pagas tú.

De ahí nace todo lo que hago

No creo en el bienestar de cartel — la clase de yoga de los viernes que no cambia nada el lunes. Creo en revisar lo que de verdad desgasta a las personas dentro de una empresa, y en construir algo que se note en las cifras y en las personas. Porque al final, la salud de tu plantilla y la salud de tu negocio son la misma cosa, aunque nadie lo ponga en el mismo Excel.

Es el tipo de número que cualquier equipo de RRHH debería tener sobre la mesa antes de que se convierta en una baja.

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Escrito por Jime Marcosta

Estudiante de RRHH, escribiendo en público lo que voy aprendiendo sobre cultura de empresa y bienestar laboral.